Arriería

 

Maragato de DoréSi tomamos la definición de Arriero:

Dícese del hombre que transporta mercancías de unos pueblos a otros en caballerías”

Arrear o trajinar con las caballerías quedan unidas profesión y procedencia en una sola, La Maragatería.
Son pues, los Arrieros, los primeros transportistas en el mas amplio sentido de la palabra y la arriería la profesión que los engloba, como así su procedencia ya que fue el régimen de vida de los pueblos maragatos.

 

Fue la arriería la principal y característica ocupación de los maragatos y hacían estos el servicio de transportistas con tan elevada garantía, conquistada con su extremada honradez, que sin otra caución que su palabra, se les confiaba grandes caudales y toda clase de encargos, los que con esmerado cuidado, conducción y admirable presteza entregaban en su destino.

 

La arriería de Madrid  a Coruña se hacía por el llamado “Camino Gallego” o “Camino de los Maragatos” que seguía esencialmente la red viaria romana de Lugo a Astorga, cruzando el Bierzo por el “Itinerario Antonino” y pasada Astorga seguía hacia el sur por la vía romana de “ La Plata” completándose con las vías “Asturica-Lucus”, “Asturica –Braga” y “Asturica-Mérida”.
         Don Enrique Gil y Carrasco señaló cómo “El maragato representa el movimiento y la comunicación  del rincón más  occidental de la monarquía con la capital”.
         Ya el 20 de Febrero de 1.367, Enrique II concedió a los pueblos de la maragatería el privilegio de exención del pago de “Portazgo” en todas las ciudades  y pueblos del reino, derecho de puertas para la industria de la arriería  al ejercer su tráfico recorriendo las plazas y mercados del reino.
         En 1.743 fue nombrado Secretario de Hacienda, Guerra, Marina, Indias y Estado Don Zenón de Somodevilla y Bengoechea, Marqués de la Ensenada, que realizó el catastro que lleva su nombre, “Catastro del Marqués de la Ensenada”, recogiendo el número de arrieros, carros  y machos, asignados a cada pueblo maragato y otras particularidades de esta industria.
En el siglo XIX, los arrieros organizaron el transporte de viajeros de Coruña a Madrid, este servicio de grandes responsabilidades, garantía y utilidades, se concedía por cédula real con aval de persona influyente en la corte, siendo una de las últimas autorizaciones concedidas la de Don Manuel Bajo, otorgada por S.M. Isabel II, para transportar desde Pontevedra a Madrid las arcas con el oro procedente de la recaudación de impuestos públicos y derechos de hacienda que percibía el tesoro nacional. Con motivo del viaje de Isabel II a las provincias del norte, los vehículos maragatos fueron puestos a disposición de la reina y su séquito.
         El transporte desde los puertos del norte a Madrid de los tubos para el canal de Isabel II, que venían de Inglaterra, fue realizado por el maragato Don Santiago Alonso Cordero.
         Las gestas de estos transportistas por las rutas de España, su esforzado tesón, su acrisolada honradez, su ferviente compañerismo, hacían que la coincidencia o la proximidad fuesen circunstancias de forzado apoyo y colaboración, agradeciendo esto con la promesa, ya escrita en el refranero popular:

“Arrieros somos y en el camino nos encontraremos”

 

Que muy al contrario del sentido de amenaza que se le quiere dar, es la mas pura expresión de la disposición de ayuda en sus terrenos: los caminos de España.
Esta profesión de arrieros marca de siempre, desde su casa, hasta su gastronomía; la primera  adaptada para recibir a los carromatos y el ganado que tira de ellos. En principio la entrada de la casa era con dintel recto cuando la arriería era a lomo, con pétreo arco rebajado en la época de transición y con arco románico en la época del carromato. Esta entrada da paso a un patio empedrado, amplio y soleado, rodeado por un corredor para pasar a las estancias interiores. En la parte baja se completa la estancia con las cuadras para el ganado y con los almacenes para el pienso. También hay en el patio un pozo brocado por tapa y armazón del  que pende la polea con cadena y caldero. La cocina es espaciosa  y cuenta con la piedra-hogar, amplia chimenea y horno. El techo está  dispuesto con clavos y cuerdas para curar la matanza. Es la cocina centro de vida y donde se confecciona la típica gastronomía de la comarca, que cuenta con aportaciones de otras zonas traídas por los arrieros en sus largos viajes a causa de su profesión.

Tomando como base la matanza  y las legumbres de la zona se elabora el famoso cocido maragato que combina la sobriedad  con el gusto para dar satisfacción a los más exigentes paladares.